Ruta a pie por el Monumento Natural de las Montañas de Ifara y Los Riscos
Bienvenido a uno de los paisajes más singulares y representativos del sur de Tenerife. El Monumento Natural de las Montañas de Ifara y Los Riscos es mucho más que un espacio natural protegido de 288 hectáreas en Granadilla de Abona; es un auténtico museo al aire libre.
En esta ruta, que se inicia en el aparcamiento situado junto a la salida 52 de la TF-1, la geología, la biodiversidad y la memoria humana se entrelazan para contarnos la historia de un territorio donde la vida siempre ha sabido abrirse paso.
Una mirada inmersiva al paisaje volcánico, la flora de las medianías y el patrimonio del Monumento Natural de Ifara y Los Riscos.
Nuestros pasos estarán guiados en todo momento por la imponente presencia de dos grandes protagonistas: la Montaña de Ifara y la Montaña de Los Riscos.
Estos dos conos, formados por cenizas volcánicas (lapilli) hace varias decenas de miles de años, se alzan majestuosos sobre un extenso y antiguo campo de tobas pumíticas de tonos claros, lo que en Canarias llamamos jable.
Sus laderas muestran colores rojizos, ocres y negros, que contrastan con el cielo azul tinerfeño, y sobre ellos, una flora autóctona propia de esta zona de la isla.

A medida que caminamos, nos adentraremos en un ecosistema que es un verdadero ejemplo de adaptación a la aridez y la insolación continua, típico de las medianías bajas de la comarca de Abona.
El paisaje está salpicado de formaciones vegetales de altísimo valor ecológico. Destaca la presencia del Tabaibal-Cardonal con las tabaiba dulce y amarga y de monumentales cardones aislados. Junto a ellos, prosperan matorrales endémicos como balos, tasaigos y aulagas.
Esta vegetación no solo frena la erosión, sino que sirve de refugio vital para aves y reptiles endémicos de la zona.

Este árido territorio no ha sido un paraje solitario; fue espacio de vida, pastoreo y tránsito constante para los antiguos pobladores de Tenerife y habitantes más cercanos en el tiempo.
Este Monumento Natural alberga yacimientos arqueológicos de incalculable valor que nos conectan directamente con el antiguo Menceyato de Abona. Cuevas y abrigos sirvieron tanto de morada estacional como de lugares de enterramiento. Además, la presencia de material cerámico y restos de concheros nos habla de unas rutas ganaderas ancestrales y del profundo conocimiento que los guanches poseían para sobrevivir en este entorno.
Pero la historia de la supervivencia humana en estas tierras continuó mucho después de la conquista. A los lados del sendero, el paisaje nos revela el titánico esfuerzo de las generaciones pasadas por cultivar una tierra sedienta.
Observaremos los antiguos muros de "piedra seca" construidos a mano, piedra a piedra que aterrazan las laderas, para retener la escasa tierra fértil y atrapar hasta la última gota de lluvia. Igualmente, nos sorprenderán canales y depósitos de agua, así como eras para obtener el cereal. Todo ello es el testimonio mudo de la dura agricultura de secano que sostuvo a las familias de Granadilla durante siglos.


Puntos de interés a lo largo del sendero

Una antigua era de piedra descansa junto a los muros en ruinas de una edificación tradicional, todo atravesado por una vieja tarjea que todavía nos recuerda el esfuerzo y la vida agrícola de otros tiempos.

La tarjea de jable se abre paso, dibujando en el paisaje el ingenio con el que antes se guiaba el agua por estas tierras secas.

Hermoso tabaibal, un rincón donde estas plantas tan nuestras se extienden sobre la tierra volcánica y llenan de vida las medianías.

Paredes de tosca blanca que, tras años de ser castigadas por el viento constante y las lluvias esporádicas, van adquiriendo formas caprichosas.

En primer plano descansa una antigua era de piedra y, al fondo, se levanta la caldera de la montaña de Ifara.

Este rincón te regala unas vistas de postal: hacia lo alto se impone la silueta de la cumbre de Guajara, mientras que ladera abajo puedes contemplar cómo se extienden el casco de Granadilla y San Isidro y, entre ellos, Montaña Gorda.

Al asomarte al barranco de Ifara, te encuentras con un cauce que la naturaleza ha hecho completamente suyo, colonizado por una mezcla viva de balos, tabaibas y cardones que llenan de fuerza y tonos verdes este árido rincón del sur.

El entorno cambia hacia una zona de huertas donde los cultivos crecen sobre una mezcla de jable y tierra, acompañados por algún invernadero y los clásicos depósitos de agua que aseguran el riego bajo el sol del sur.

Al pasar junto a la montaña Los Riscos, veremos unas antiguas canteras de jable y picón, dejando a la vista las entrañas de la tierra volcánica que durante tantos años se han aprovechado para la construcción y los cultivos de la zona.

Bajo el camino, los viejos bancales y muros de piedra de fincas ya abandonadas y que antaño sirvieron para el cultivo de secano.

Curiosas casas cueva horadadas directamente en la tosca de jable, refugios excavados a pulso en la propia roca.

Todo este entorno es un fiel reflejo de la cultura del jable en el sur de Tenerife, donde esta tosca clara se tallaba en bloques para dar forma a la vida del campo, construyendo con ella desde casas y muros, hasta los canales para el agua y los bordes de las eras.